
I+D Internacional- Revista Científica Académica
ISSN 3078-1639 (en línea) Enero-Abril, 2026, Volumen 5, Número 1 pág.87
https://doi.org/10.63636/rciid.v5i1.63
Impacto del Voluntariado y del Trabajo Comunal Universitario en la
formación integral y vinculación social del estudiantado de
universidades privadas de Costa Rica
Impact of Volunteering and University Community Service on the comprehensive education
and social engagement of students at private universities in Costa Rica
José Gabriel Sandí Alfaro
jose.sandi.a@uhispano.ac.cr
https://orcid.org/0009-0001-6816-0233
Investigador Independiente
Artículo recibido: 10 marzo 2026-Aceptado para publicación: 23 abril 2026
Conflictos de intereses: Ninguno que declarar
RESUMEN
El presente artículo analiza el impacto del Voluntariado Universitario y del Trabajo Comunal
Universitario en la formación integral de las personas estudiantes de universidades privadas de Costa
Rica, así como en las organizaciones que reciben a estas. El propósito central es comprender las
motivaciones, beneficios y efectos sociales que emergen de estas experiencias, así como las debilidades
de gestión que limitan su alcance con el objetivo de orientar el diseño de lineamientos institucionales
sólidos y sostenibles a través del tiempo. La investigación emplea un enfoque cualitativo con rasgos
cuantitativos mediante encuestas aplicadas a 409 estudiantes y 96 representantes de organizaciones,
incorporando preguntas abiertas, cerradas y escalas Likert para identificar percepciones, aportes y
desafíos. Los hallazgos obtenidos evidencian que estas prácticas generan mejoras significativas en
competencias como comunicación, liderazgo, empatía, pensamiento crítico y resolución de problemas,
además de fortalecer la identidad profesional. Las organizaciones reportan beneficios concretos, entre
ellos ampliación de cobertura, fortalecimiento de procesos internos y mejor atención a poblaciones
vulnerables. Entre las limitaciones más importantes se destaca el tamaño reducido de la muestra de
personas representantes de organizaciones que reciben a estudiantes para los proyectos de acción social
y posibles sesgos que naturalmente se presentan por el uso de cuestionarios digitales. Los resultados
señalan la necesidad de mejorar la inducción, el acompañamiento docente, la articulación institucional
y la continuidad de los proyectos. El estudio aporta valor por ofrecer evidencia integrada de personas
estudiantes y organizaciones en un campo poco investigado en universidades privadas.
Palabras claves: innovación social, extensión universitaria, competencias transversales, trabajo
comunal universitario, voluntariado

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ABSTRACT
The present article analyzes the impact of University Volunteering and Community Service Programs
on the holistic development of students from private universities in Costa Rica, as well as on the
organizations that host them. Its central purpose is to understand the motivations, benefits, and social
effects that emerge from these experiences, as well as the managerial weaknesses that limit their reach,
with the goal of informing the design of solid and sustainable institutional guidelines over time. The
research employs a qualitative approach with quantitative elements through surveys administered to 409
students and 96 organizational representatives, incorporating open-ended questions, closed items, and
Likert scales to identify perceptions, contributions, and challenges.The findings show that these
practices generate significant improvements in competencies such as communication, leadership,
empathy, critical thinking, and problem solving, while also strengthening professional identity.
Organizations report concrete benefits, including expanded service coverage, strengthened internal
processes, and improved attention to vulnerable populations. Among the most relevant limitations are
the reduced sample size of organizational representatives who receive students for social-action projects
and potential biases naturally associated with the use of digital questionnaires. The results highlight the
need to improve induction processes, academic support, institutional coordination, and project
continuity. The study provides value by offering integrated evidence from both students and
organizations in a field that remains understudied within private universities.
Keywords: social innovation, university outreach, soft skills, university community service,
volunteering
Correspondencia: jose.sandi.a@uhispano.ac.cr
Conflictos de Interés: Ninguna que declarar
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INTRODUCCIÓN
En los últimos años la educación superior ha evolucionado rápidamente. El uso de los recursos
tecnológicos y las nuevas visiones de vida, han obligado a las personas docentes y expertos en educación
a replantear la forma en que preparan a las nuevas generaciones de personas profesionales. Los sistemas
educativos a nivel global han reconocido que los procesos de aprendizaje, ya no puede depender
únicamente de clases magistrales, ni de procesos centrados en la transmisión de contenidos por parte del
personal docente.
En la actualidad, la realidad social, la complejidad de los problemas públicos vividos y los cambios en
el mercado laboral exigen que las personas estudiantes desarrollen competencias que solo se estimulan
cuando se trabaja directamente con las poblaciones en contextos reales; es decir, estas se fortalecen
únicamente en la relación directa con otras personas. En este sentido, las experiencias de aprendizaje en
servicio y los proyectos de extensión han cobrado un peso especial como facilitadores de este espacio
necesario para el cumplimiento del objetivo que tiene la educación superior y no solamente como un
complemento académico.
La European Association for Service-Learning (2021) señala que el trabajo en comunidades permite una
comprensión profunda de los contenidos teóricos vistos en clase; además, favorece y promueve la
participación ciudadana de los estudiantes en la solución de problemas. A su vez, investigaciones como
las realizadas por Afzal y Hussain (2020) evidencian que figuras pedagógicas como el voluntariado
universitario y el Trabajo Comunal Universitario, son espacios que permiten el fortalecimiento de
competencias personales y sociales altamente valoradas en los entornos laborales actuales. Esta
evidencia ha llevado a muchas universidades a nivel mundial a incorporar de forma explícita programas
institucionales de voluntariado, proyectos de acción social y rutas de aprendizaje experiencial en su
currículo.
Estos estudios han venido acompañados de nuevas discusiones teóricas que pretenden explicar por qué
estas experiencias tienen efectos positivos en la formación de profesionales. Desde perspectivas como
el aprendizaje experiencial y el socioconstructivismo, se comprende que la interacción social y el
contacto con problemas reales favorecen el desarrollo de nuevas formas de pensar y actuar; a su vez la
literatura advierte que existen desafíos que deben de afrontar los centros educativos de educación
superior, tales como la necesidad de una buena gestión institucional, la continuidad de los programas,
la claridad en los roles y la articulación real entre universidades y organizaciones que participan como
aliadas, elementos que aunque son altamente importantes y esperados no siempre están garantizados en
los programas o proyectos que se desarrollan.
En América Latina estas discusiones recobran importancia por las brechas sociales, las limitaciones de
acceso a recursos y la diversidad de contextos comunitarios que convierten a los programas de extensión
universitaria en una estrategia clave de desarrollo para el país. En Costa Rica, los centros educativos
universitarios públicas han construido modelos sólidos de Trabajo Comunal Universitario y

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Voluntariado, pero en las instituciones privadas la integración del Trabajo Comunal Universitario es
más reciente y en muchas ocasiones dependen de esfuerzos e intereses puntuales más que de políticas
consolidadas como es el caso de los voluntariados universitarios. Aunque la normativa vigente establece
su obligatoriedad, la investigación académica sobre cómo se implementa y qué impacto tiene sigue
siendo limitada.
A esta deuda en la gestión de normativa, se le suma otra brecha importante, la mayoría de las
investigaciones disponibles se concentran en los efectos que estas experiencias generan en las personas
estudiantes, pero son menos frecuentes los trabajos que analizan simultáneamente lo que ocurre con las
organizaciones beneficiarias. Compare, Pieri y Albanesi (2022) han insistido en que esta relación debe
verse como un proceso de colaboración en doble vía, donde las organizaciones no solo reciben apoyo,
sino que cumplen un papel central como espacios formativos y como actores del proceso de educación
requieren seguimiento, continuidad en los proyectos, claridad en los lineamientos y acompañamiento de
los centros educativos.
Esto vuelve aún más necesario el generar evidencia que permita comprender de manera amplia cómo se
desarrollan estas prácticas en las universidades privadas del país y qué resultados producen tanto en el
estudiantado como en las organizaciones que participan. Esta investigación responde precisamente a esa
necesidad y busca aportar datos que puedan orientar la toma de decisiones institucionales, el
fortalecimiento de los programas existentes y la construcción de modelos de gestión más coherentes y
sostenibles. Por lo que este estudio se origina en torno a la pregunta ¿Cuál es el impacto del voluntariado
y del Trabajo Comunal Universitario en la formación integral y la vinculación social del estudiantado
de universidades privadas, así como en las organizaciones beneficiarias durante 2025?
Para responderla, se plantearon cuatro objetivos específicos a saber:
1. Analizar las motivaciones y percepciones de las personas estudiantes respecto a su participación
Proyectos de Voluntariado y en la ejecución del Trabajo Comunal Universitario mediante la
aplicación de cuestionarios estructurados para la comprensión de los factores personales e
institucionales que influyen en su involucramiento en dichas acciones.
2. Identificar los beneficios académicos, emocionales y sociales obtenidos por las personas
participantes en proyectos de Voluntariado y Trabajo Comunal Universitario mediante la
aplicación de cuestionarios estructurados para el reconocimiento de los aportes en el desarrollo
integral y en la adquisición de competencias transversales.
3. Explorar la percepción y valoración del impacto del Voluntariado y Trabajo Comunal
Universitario en las instituciones beneficiarias mediante la aplicación de cuestionarios a sus
representantes para el reconocimiento de los aportes sociales y comunitarios generados a partir
de las participaciones de las personas estudiantes.
4. Determinar aspectos a considerar en la elaboración de lineamientos para el fortalecimiento del
Voluntariado y Trabajo Comunal Universitario basada en los resultados del estudio y en la

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revisión bibliográfica de buenas prácticas nacionales e internacionales para la optimización de la
gestión, sostenibilidad e impacto social dentro de la comunidad académica.
Con relación a la metodología se utiliza un enfoque cualitativo con rasgos cuantitativos. En cuanto a la
técnica a través de cuestionarios con preguntas abiertas y cerradas a personas estudiantes y a
representantes de organizaciones de bienestar social vinculadas con proyectos de acción social, se
emplea la encuesta. Esta mezcla permite obtener una mirada extensa del fenómeno de estudio y al mismo
tiempo, profundizar en las experiencias y percepciones de quienes participan en el Voluntariado
Universitario y el Trabajo Comunal Universitario. Los resultados de ambos tipos de preguntas se
utilizarán para identificar patrones, contrastar apreciaciones entre las personas participantes y generar
insumos que contribuyan a mejorar la calidad y sostenibilidad de estos proyectos de extensión
universitaria en las universidades privadas de Costa Rica.
Marco teórico
Antecedentes conceptuales y evolución
Abrams (2023), define el Voluntariado Universitario, como una acción de participación libre y solidaria
de las personas estudiantes en actividades que responden a necesidades sociales; mientras que el Trabajo
Comunal Universitario (TCU) integra estas acciones dentro de un marco académico formal e
institucionalizado como componente obligatorio de la formación del estudiantado de educación superior
en Costa Rica.
De acuerdo con Compare, Pieri y Albanesi, (2022) la participación estudiantil en iniciativas de
vinculación con la comunidad contribuye ampliamente a la retención estudiantil, la motivación
académica y la identidad profesional. Asimismo, destacan que estas acciones universitarias con enfoque
social han evolucionado de modelos asistencialistas hacia enfoques de co-creación con las poblaciones
y de derechos humanos promoviendo relaciones horizontales, corresponsabilidad entre las personas que
intervienen para la generación de aprendizaje mutuo.
Este cambio de paradigma teórico ha sido fundamental para comprender la profundidad y el impacto
que pueden tener los programas de TCU y los Voluntariados Universitarios de forma bien gestionada y
redefiniendo su valor estratégico en las instituciones de educación superior. Este cambio de paradigma
exige que estos programas incorporen mecanismos sistemáticos de diagnóstico, acompañamiento y
evaluación del impacto no solamente sobre los beneficios y ventajas que tienen las personas estudiantes,
sino también sobre los efectos positivos y las ganancias de las organizaciones aliadas y las comunidades
involucradas.
TCU y Voluntariado Universitario como herramienta pedagógica
En la educación superior contemporánea, el voluntariado universitario y el TCU, se han consolidado
como estrategias esenciales para la promoción de la formación global de las personas estudiantes y el
fortalecimiento del vínculo entre la sociedad y la academia. Chittum, Enke y Finley (2022) reconocen
estas prácticas como mecanismos que articulan eficazmente el aprendizaje universitario, compromiso
con la ciudanía y desarrollo comunitario, sin importar la formación base del estudiantado.

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Asimismo, la indica European Association for Service-Learning (2021) que el voluntariado universitario
se vincula directamente con la misión social que la educación superior debe tener, enfatizando el aporte
al bien público, la inclusión y la innovación social. En otras palabras, la formación de futuros
profesionales competentes en la educación, no se debe limitar al dominio de contenidos disciplinares o
al desarrollo de competencias técnicas; sino por el contrario, debe exigir la integración de dimensiones
éticas, sociales, emocionales y ciudadanas, que promuevan la sensibilidad necesaria para ejercer en un
mercado global.
En este escenario, tanto el Voluntariado Universitario como el TCU, han destacado como estrategias de
mediación pedagógica claves para la promoción de experiencias de aprendizaje significativo que
permiten la vinculación del estudiantado con las necesidades reales de la sociedad.
Desde el enfoque de aprendizaje experiencial y socioconstructivista se demuestra como la participación
estudiantil en acciones de voluntariado y TCU puede potenciar habilidades cognitivas,
socioemocionales y cívicas que contribuyen a la generación de una visión holística del desarrollo
profesional y humano. Bajo esta perspectiva Mbah (2025) el Voluntariado Universitario y el TCU, son
vehículos que desarrollan competencias transversales como liderazgo, resolución de problemas, empatía
y comunicación, las cuales son ampliamente demandadas por los entornos laborales contemporáneos.
Bajo la misma línea, estas experiencias académicas, se reconocen como componentes académicos
esenciales en el entorno educativo, debido a que permiten a las personas estudiantes aplicar los
conocimientos teóricos adquiridos en el aula a contextos reales, favoreciendo un aprendizaje
significativo y profundamente transformador, debido a que representa la oportunidad de enfrentarse a
problemáticas sociales concretas que estimula la reflexión crítica, el pensamiento creativo, el trabajo en
equipo, la comunicación eficaz, la empatía y la responsabilidad ética.
De acuerdo con Student Volunteering Working Group (2021) las universidades modernas se conciben
no solo como espacios de formación profesional, sino como agentes activos para la innovación social,
lo cual explica el auge y crecimiento de programas formales de voluntariado en Europa, Asia y
Norteamérica durante los últimos años.
Asimismo, esto adquiere mayor relevancia en América Latina, donde las brechas educativas y sociales,
son aún más visibles y donde la vinculación entre la universidad y sociedad representa una necesidad
histórica.
En Costa Rica, el voluntariado y TCU han sido una herramienta consolidada en todos los procesos de
formación en universidades públicas, pero es apenas en los últimos años que las instituciones privadas
han comenzado a integrar modelos similares. Según CONESUP (s.f.) en el artículo 9 de la Ley N° 6693
y el artículo 29, inciso e) del Reglamento General del CONESUP establece que toda persona estudiante
de grado universitario debe realizar el TCU; sin embargo, esto no ocurrió hasta la reforma al reglamento
realizada en el 2001.

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Impacto en las personas estudiantes
De acuerdo con diversos autores la participación consciente de las personas estudiantes en diversos
proyectos de acción social puede explicar mejor por la interacción entre las motivaciones personales,
percepción del impacto, carrera a la que pertenece y condiciones institucionales. Hu (2023), en su escrito
destaca a través de la teoría del comportamiento planificado desarrollada por Icek Ajzen que las
actitudes positivas, el sentido de utilidad social y el apoyo institucional, son predictores clave de la
decisión de participar o no en estas actividades.
Bajo el mismo orden de ideas Bellis (2024) ha identificado que barreras específicas como falta de
tiempo, ausencia de incentivos académicos y escasa difusión de oportunidades detiene a las personas
estudiantes a involucrarse en estas; sin embargo, también concluyó que cuando los programas están bien
estructurados, el estudiantado muestra un alto interés por participar. En una investigación desarrollada
Wondimu (2024) se evidenció que la motivación intrínseca y la percepción de impacto social personal,
son factores fundamentales para la participación del estudiantado.
Por otra parte, más allá de las motivaciones que llevan a las personas estudiantes a involucrarse en
procesos de voluntariado y a la ejecución de TCU autores como Lv et al. (2024), señalan que los
proyectos de acción social generan consecuencias positivas significativas en la vida de quienes deciden
participar evidenciando mejoras en salud mental, sentido de propósito y desempeño académico,
confirmando así que estas prácticas inciden directamente en la formación integral de las personas
estudiantes. Lo anterior, es particularmente importante en un contexto donde la salud mental de las
personas ha adquirido relevancia mundial posterior a los efectos producidos por el aislamiento vivido
con la pandemia del COVID-19. En este sentido, los proyectos de acción social comunitaria no solo son
una herramienta académica, sino también un mecanismo de contención emocional y construcción de
resiliencia.
De igual forma Afzal y Hussain (2020) reportaron mejoras en habilidades sociales de las personas que
participan en estas actividades dentro de las cuales destacan comunicación, empatía y trabajo en equipo;
por tanto, el desarrollo de competencias transversales forma parte de los beneficios y las motivaciones
que llevan a las personas estudiantes a participar.
En otras palabras, un proyecto de TCU o Voluntariado con una estructura y adecuada planificación va
más allá de una motivación interna altruista, pues representa también la oportunidad para el estudiantado
para mejorar su currículo, fortalecer las habilidades blandas, ampliar redes de contactos o explorar
intereses vocacionales; incluso estos espacios son percibidos una oportunidad para poner en práctica lo
aprendido y validar su vocación.
Impacto en Organizaciones Beneficiarias
La literatura demuestra una amplia producción académica que ha centrado su atención en la medición
del impacto e identificación de las motivaciones de las personas estudiantes en la participación en
proyectos de acción social; sin embargo, son menos frecuentes las investigaciones que centran su
atención en la medición del impacto que obtienen las organizaciones aliadas a través de la ejecución de

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estos proyectos. Esta brecha es relevante, ya que limita la comprensión integral de los beneficios,
desafíos y aprendizajes derivados de esta relación tan importante.
Uno de los aportes más relevantes de las investigaciones recientes, es el reconocimiento de que los
proyectos de Voluntariado Universitario y TCU no debe analizarse únicamente desde lo que la persona
estudiante obtiene o desarrolla, sino también desde lo que las organizaciones sociales reciben,
transforman o logran.
Compare, Pieri, y Albanesi, (2022) enfatizan la importancia de la reciprocidad entre universidad y las
organizaciones beneficiarias como socios comunitarios, destacando que el éxito de estos programas
depende de esta relación horizontal. Además, señalan que las organizaciones aliadas valoran la
participación estudiantil siempre que exista claridad en la comunicación, seguimiento y compromiso
institucional, destacando la importancia de reconocer a las organizaciones beneficiaria como agentes
co-educadores del proceso educativo, enfatizando que el impacto no es unidireccional.
En continuidad con este enfoque relacional, diversos estudios han profundizado en la interfaz
universidad-comunidad, ampliando la comprensión del vínculo más allá de la participación estudiantil
y destacando el valor estratégico de una colaboración sostenida. La evidencia muestra que la calidad del
diálogo, la claridad en los acuerdos y la coherencia institucional no solo fortalecen la alianza, sino que
también generan efectos positivos en la cohesión social, al promover la corresponsabilidad, la
participación colectiva y la innovación social en los contextos locales. Estos hallazgos resultan
especialmente pertinentes para los modelos de extensión universitaria orientados a la inclusión, la
equidad y la transformación comunitaria.
Es importante mencionar que muchas de las organizaciones aliadas operan con recursos limitados y
dependen del apoyo externo para sostener programas dirigidos a grupos vulnerables; sin embargo,
Abrams (2023) hace énfasis en que las organizaciones requieren personas estudiantes calificadas,
puntuales y comprometidas, pues cuando las universidades envían estudiando, sin preparación son
percibidos como una carga y cuando envían estudiantado formados, se convierte en un verdadero motor
de innovación social.
StudentVolunteer (2021) señala que las organizaciones se benefician significativamente cuando existe
continúa participación estudiantil, ya que esta contribuye de manera efectiva al desarrollo de los
proyectos social que de otra manera por el recurso económico no sería posible realizar. La involucración
constante del estudiantado les permite ampliar su capacidad operativa, fortalecer sus programas sociales,
acceder a nuevas ideas y metodologías.
Gestión, estrategias y modelo institucional en los proyectos de acción social
Como se menciona en la literatura citada, la efectividad del Voluntariado Universitario y del TCU
depende menos del entusiasmo individual de las personas estudiantes y más de la solidez de la gestión
institucional del centro educativo universitario que los respalda. Esto implica reconocer que los
programas de acción social exitosos no surgen de forma espontánea, sino que requieren estructuras

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organizativas claras, procesos definidos y lineamientos que orienten la participación estudiantil y la
colaboración con las organizaciones beneficiarias.
Lili y Niu (2023) mencionan en su estudio aspectos relevantes para la consolidación de programas
sostenibles, dentro de los cuales menciona el liderazgo institucional, la capacitación continua del
personal y estudiantado, el uso de sistemas digitales de registro y seguimiento, la claridad en los roles
que asumen las diversas personas que participan en los procesos de construcción, ejecución y cierre.
Además, de ello mencionan que los proyectos sociales adquieren fuerza cuando se desarrolla como un
programa estructurado, con indicadores establecidos, alianzas formales, protocolos de comunicación y
acompañamiento continuo y no solamente como una acción más del centro universitario. En el contexto
de las universidades privadas, estos elementos resultan aún más relevantes, dado que no siempre se
dispone de los recursos públicos, plataformas consolidadas o marcos normativos que caracterizan a las
universidades estatales.
Por ello, la eficiencia organizacional, la claridad en la gestión y la sostenibilidad de los procesos se
vuelven factores determinantes para garantizar impacto académico y social. De acuerdo con Tan (2025)
los modelos integradores deben conectar con la sostenibilidad ambiental, servicio comunitario y
responsabilidad universitaria; además, deben de verificar pertinencia social de sus acciones y asegurar
la continuidad de este. Estos planteamientos refuerzan la idea de que el voluntariado universitario y el
TCU no debe limitarse a actividades aisladas, sino articularse como una política institucional que
contenga objetivos claros, estándares de calidad y mecanismos de medición y evaluación del impacto.
En los últimos años, diversas investigaciones han sistematizado buenas prácticas que pueden orientar el
diseño de lineamientos institucionales. Chittum et al., (2022) destacan dentro de los elementos más
recurrentes el liderazgo institucional, la claridad en los objetivos del programa, la capacitación previa
del estudiantado, los mecanismos de evaluación continua, la sostenibilidad operativa, la digitalización
de procesos, la integración curricular, los incentivos académicos y las alianzas estratégicas con
organizaciones comunitarias. Estos componentes permiten dar coherencia al proceso formativo y
asegurar que los proyectos de acción social no solo generen beneficios personales para el estudiantado,
sino también aportes reales y medibles a las comunidades y organizaciones. Este tipo de enfoques
permitirán avanzar hacia modelos de gestión más eficientes y coherentes, capaces de potenciar la
formación integral del estudiantado y consolidar la vinculación social como un eje estratégico dentro de
la comunidad académica.
METODOLOGÍA
Enfoque metodológico:
Esta investigación se desarrolla con enfoque cualitativo con rasgos cuantitativos, esto permite
comprender en profundidad las percepciones y experiencias de las personas participantes del
voluntariado y TCU, sin perder la capacidad de identificar tendencias generales en los datos. Según

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Guzmán, (2021), la integración de ambos enfoques enriquece el análisis, pues combina la riqueza
interpretativa de lo cualitativo con la exactitud descriptiva de los datos cuantitativos.
Datos primarios
Para la recolección de información se utilizó la encuesta. Según Hernández-Sampieri et al. (2020), esta
técnica involucra un procedimiento sistemático que emplea instrumentos estandarizados para la
obtención de datos. En este estudio, el cuestionario se empleó como instrumento. Para Tamayo y
Tamayo (2019) este consiste en un conjunto estructurado de ítems orientados a medir variables
relevantes para los objetivos de investigación.
Los instrumentos utilizados incluyeron preguntas cerradas de opción múltiple y escalas Likert que
permitieron explorar motivaciones, beneficios académicos, emocionales y sociales, tanto del
estudiantado como de las personas representantes de instituciones que reciben estudiantes que
desarrollan proyectos de acción social. Estos cuestionarios también integraron preguntas abiertas que
aportaron información cualitativa que complementa y enriquece la interpretación de los datos
cuantitativos.
Los instrumentos se distribuyeron en formato digital, para facilitar y aumentar la participación de
personas estudiantes ubicadas en distintas regiones del país y de representantes de organizaciones de
bienestar social vinculadas a estos proyectos.
Población de estudio
La población objetivo está compuesta por personas estudiantes de universidades privadas de Costa Rica
y personas representantes de organizaciones de bienestar social que reciben a personas estudiantes. La
Nación (2023), reporta que en ese año la matrícula de universidades privadas alcanzó 254,566 personas
estudiantes. Por su parte, DINADECO (2024) indica que existen 4,173 organizaciones comunales
constituidas, registradas entre asociaciones de desarrollo, organizaciones no gubernamentales y
movimientos comunitarios orientados al bienestar local.
Muestra de estudio
La muestra ideal de personas estudiantes de universidades privadas es de 384; dicho cálculo se logró
con base en la siguiente formula:
Bajo la misma línea, la muestra ideal de organizaciones comunales constituidas partiendo del hecho que
se va a computar únicamente una persona como representante de cada organización de bienestar social,
es de 352 personas; el cálculo fue realizado con la siguiente formula:

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A pesar de los cálculos estadísticos mostrados en el apartado anterior, esta investigación obtuvo la
participación de 409 personas estudiantes de universidades privadas de Costa Rica. Al superar el mínimo
establecido, se fortaleció la precisión de los resultados sin afectar la validez metodológica; sin embargo,
en el caso de las personas representantes de organizaciones de bienestar social, se logró la participación
de 96 personas; dicha decisión respondió a limitaciones temporales y logísticas de la persona
investigadora. Si bien los resultados con esta población no son generalizables estadísticamente, pero
ofrecen una base exploratoria valiosa para identificar tendencias, responder la pregunta de investigación,
construir hipótesis y orientar estudios futuros con muestras más amplias.
El tipo de muestreo para esta investigación con la primera población es un muestreo por conveniencia
con sobre muestra y en el caso de la segunda población en mención es muestreo no probabilístico por
conveniencia mismo que es de uso común y consiste en seleccionar un tracto accesible, no por medios
estadísticos o aleatorios, sino que se encuentran identificados con las características necesarias y estén
disponibles.
Métodos de análisis
Los datos cualitativos obtenidos de preguntas abiertas se analizaron mediante su contenido, técnica que
permite identificar patrones, categorías y significados vinculados a las percepciones de las personas
participantes. Este proceso interpretativo se complementó con el tratamiento cuantitativo lo que permitió
fortalecer la rigurosidad del estudio y aportar una lectura más estructurada de la información. La
integración de ambos enfoques favoreció la comprensión del fenómeno integrando la propiedad de
ambos enfoques investigativos.
Evaluar y justificar sus elecciones metodológicas y justificación de los riegos
El enfoque cualitativo con rasgos cuantitativos permite a la persona investigadora comprender con
mayor profundidad la naturaleza del fenómeno estudiando. Según Guzmán (2021), la investigación
cualitativa es predominantemente inductiva y se caracteriza por ofrecer una estructura flexible que sitúa
a quien investiga como guía en la conducción del proceso.
De forma complementaria, el estudio incorpora rasgo del enfoque cuantitativo, lo que permite obtener
datos objetivos y medibles sobre las variables que busca analizar fortaleciendo la profundidad de la
investigación. Desde la perspectiva de Hernández, Fernández y Baptista (2020), este enfoque es
deductivo, usa instrumentos estandarizados y tiene la posibilidad de generalizar resultados a partir de
muestras representativas. Asimismo, permite identificar patrones, tendencias y relaciones entre los
elementos estudiados, aportando así una visión estructurada y coherente que contribuye con la
validación, contrastación y enriquecimiento de los hallazgos cualitativos.
Este estudio reconoce riesgos metodológicos como el sesgo por deseabilidad social y el sesgo de
cobertura, mismo que son frecuentes por la aplicación de cuestionarios digitales. Para Cornesse et al.,
(2020) la deseabilidad social puede llevar a las personas a responder de forma más aceptable socialmente
que verazmente a fin de verse mejor. A la vez Zerbe y Paulhus, (2021) mencionan que el sesgo de

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cobertura ocurre cuando ciertos grupos quedan subrepresentados por limitaciones en su acceso o uso de
Internet.
Para minimizar estos riesgos, se garantiza el anonimato y la confidencialidad cumpliendo con estándares
éticos al solicitar el consentimiento informados y explicar que los datos serán destinados exclusivamente
a fines académicos. Además, se formulan ítems con lenguaje claro y se emplean estrategias que facilitan
la participación de diversos perfiles.
RESULTADOS
Caracterización demográfica de la población encuestada
Para contextualizar adecuadamente el análisis de resultados, es fundamental conocer las
características demográficas de quienes participaron en este proceso investigativo; la primera
agrupación involucrada fueron las personas representantes de las diversas organizaciones que reciben
estudiantes de universidades privadas en Voluntariado o Trabajo Comunal Universitario; se contó con
un total de 96 personas; mismas que representan Asociaciones de desarrollo, Fundación u ONG,
Instituciones Públicas, Proyectos Comunitario entre otros. A continuación, se muestra con detalle dicha
clasificación:
Figura 1: Distribución de organizaciones según su tipo
Fuente: Elaboración Propia
Asimismo, ante la consulta de la cantidad de años de experiencia de recibir personas estudiantes en sus
organizaciones para la realización de Trabajo Comunal Universitario y Voluntariado 15 respondieron
que menos de 1 año; 31 entre 1 y 3 años; 17 que entre 4 y 6 años; 13 entre 7 y 10 años; 20 más de 10
años. A la vez con la consulta sobre el tipo de actividades que realizaban las personas estudiantes en los
Trabajos Comunales Universitarios y Voluntariados 67 indicaron que en la ejecución de talleres y
acciones formativas para las poblaciones beneficiarias y personas funcionarias de las organizaciones; 9
mencionan que, en el acompañamiento de las poblaciones; 5 en apoyos operativos, 4 en procesos
administrativos, 2 en logísticas de eventos y actividades y 9 en procesos varios según la necesidad del
momento que se realice el aporte.
De la misma forma, se contó con la participación 409 personas estudiantes provenientes de diversas
universidades privadas de Costa Rica de las cuales 266 se identificaron con el género femenino, 139 con
3; 3%
44; 46%
23; 24%
25; 26%
1; 1%
Asociación de Desarrollo
Fundación / ONG
Institución pública
Otro
Proyecto comunitario

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el masculino, 2 como no binarias y 2 optaron por no responder a esta clasificación. Bajo esta misma
línea 290 personas estudiantes aseguran haber participado en proyectos de acción social a través de su
Trabajo Comunal Universitario; 96 a través de voluntariado y 23 reportan haber participado en ambas
modalidades. Del mismo modo 93 personas estudiantes indican haber participado en al menos 20 de
horas; 33 estudiantes entre 21 y 40 horas; 17 estudiantes entre 41 y 80 horas; 37 estudiantes entre 81 y
120 horas; 229 en más de 120 horas durante su formación académica universitaria. Además, la población
participante proviene de diversas carreras dentro de las que se destacan Administración con sus diversos
énfasis, Ingenierías, Educación, Contaduría Pública, Derecho, Diseño Publicitario, Educación,
Enfermería, Negocios Internacionales, Trabajo Social, Medicina y Cirugía, Nutrición, Psicología,
Publicidad, Seguridad y Salud Ocupacional, Terapia Física, Trabajo Social entre otros. Con el fin de
mostrar la distribución por edad de las personas estudiantes participantes se crea la siguiente figura:
Figura 2: Distribución de la Población estudiantil por edad
Fuente: Elaboración Propia
A fin de lograr una mejor comprensión sobre los datos contenidos la siguiente sección se concentrará
en presentar los resultados del instrumento aplicado a las personas representantes de las organizaciones.
Valoración del aporte estudiantil
En esta sección del instrumento por medio de 9 preguntas, se exploró el aporte de las personas
estudiantes a las organizaciones, consultando el compromiso mostrado, calidad del trabajo, la
puntualidad y responsabilidad, el aporte al fortalecimiento de los procesos internos, así como al bienestar
de las poblaciones atendidas, la contribución con el logro de los objetivos, la adaptación e iniciativa a
las tareas asignadas. Para ello, se asignó una escala Likert de muy alto, alto, regular, bajo y muy bajo.
En lo que respecta al nivel del compromiso los datos reflejan una valoración mayoritariamente positiva,
siendo los valores supriores de la escala los más escogidos lo cual siguiere que las organizaciones
perciben un compromiso solido y constante del parte del estudiantado.
En relación con la calidad del trabajo realizado la mayoría considera que el trabajo cumple o supera lo
esperado, confirmando que el estudiantado no solo se incorpora al proceso, sino que aporta con
productos y servicio de calidad durante sus acciones sociales.
De acuerdo con la consulta sobre la puntualidad y responsabilidad continua la inclinación hacia las
valoraciones altas, mostrando una relación fluida con las personas estudiantes mostrando el
cumplimiento de horario, entrega de asignaciones y una adecuada comunicación.
217; 53%169; 41%
21; 5% 2; 1%
18 a 28 años
29 a 44 años
45 a 60 años
Más de 61 años

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En cuanto al fortalecimiento de los procesos internos, existe una diversidad de respuestas con una
alineación mayoritaria a las categorías altas; por lo que se permite inferir que se contribuye
significativamente en las tareas asignadas.
Con respecto al aporte del bienestar de las poblaciones y la contribución de los objetivos institucionales,
las respuestas sugieren que la mayoría percibe que las personas estudiantes generan valor para las
personas usuarias y que aporta directamente al cumplimiento de las metas de impacto social y servicio
institucional que tienen las organizaciones.
En lo referente a la adaptación de las tareas, iniciativa y proactividad reportan niveles altos lo cual
demuestra un ajuste, integración aprendizaje, interés, movimiento, creatividad y toma de decisiones
dentro de los roles asignados.
El patrón que muestra esta sección del instrumento es consistente y predominan las respuestas positivas
en todos indicadores; por lo que se puede inferir que el estudiantado se muestra como comprometido,
responsable, adaptable y sobre todo que genera valor a los procesos y poblaciones atendidas.
Relación y articulación con las universidades
Para evaluar este aspecto el instrumento aplicado contaba con 6 preguntas que abarcaban la claridad de
los lineamientos enviados por la universidad, la comunicación con el personal docente y administrativo,
el acompañamiento durante la ejecución, la continuidad del proyecto a largo plazo y la adecuación del
proyecto a las necesidades de las organizaciones. La escala Likert empleada fue excelente, muy buena,
regular, deficiente y muy deficiente.
Con referencia a la claridad de los lineamientos el 74% de las valoraciones fueron positivas dentro de
la escala de excelente y muy buena, lo que evidencia que ejecutar el proyecto fue en general claro y
suficiente; sin embargo, el 10% lo considera deficiente y un 16% regular, lo que señala la necesidad de
fortalecer el estándar y la simplificación de los lineamientos.
En el caso de la comunicación se muestra un comportamiento similar, ya que un 76% evaluó la
comunicación como excelente o muy buena; sin embargo, el 24% restante corresponde a
comunicaciones regulares (14%) o deficientes o muy deficientes (10%), lo que refiere que podría
mejorarse.
El acompañamiento durante la ejecución muestra el mismo resultado en la percepción positiva,
señalando un pequeño cambio en el grupo que reporta experiencia regular siendo un 13% y deficiente o
muy deficientes un 11%.
En la continuidad del proyecto hay una disminución en la evaluación excelente cayendo a un 71% y
siendo 16% regular y 12 deficiente o muy deficientes; esto sugiere que algunas organizaciones perciben
que los proyectos pueden perder estabilidad por la rotación de estudiantes o bien por cambios internos
en las universidades.
El indicador de adecuación del proyecto a las necesidades reales de la organización es uno de los
indicadores con mayor satisfacción global; reporta un 86.46% de valoraciones positivas siendo solo un
3.12% que tiene una percepción deficiente o muy deficientes y un 10.42% regular.

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Por su parte la coordinación logística recibe una valoración positiva de 74%; sin embargo, un 26% la
señala como regular, deficiente o muy deficientes, lo que permite señalar dificultades en la programación
de visitas, comunicación de horarios, entrega de documentos, requerimientos operativos o bien
disponibilidad del personal universitario.
Impacto social y comunitario
Para esta sección se crearon cinco preguntas que permitían evaluar si la participación de las personas
estudiantes contribuye a mejorar la atención bridada a la población beneficiaria, si las experiencias de
Voluntariado y Trabajo Comunal Universitario, han fortalecido las redes de apoyo entre la organización
y la universidad; si se generaron aprendizajes mutuos entre estudiantes y personal de la organización; si
los proyectos ejecutados aportaron soluciones a necesidades reales de la comunidad y si el trabajo
estudiantil permitió ampliar la cobertura de los servicios ofrecidos.
De acuerdo con las respuestas obtenidas referente a la mejora en la atención brindada a la población
beneficiaria presenta un porcentaje alto de un 92% donde las organizaciones perciben que la
participación estudiantil mejoró la atención de personas beneficiarias y solo dos organizaciones reportan
bajo o nulo el aporte. Estos datos demuestran que el estudiantado tiene un impacto directo, visible y
valorado en la calidad de los servicios que brinda la organización.
En la consulta referente a los aprendizajes mutuos entre el personal de la organización y las personas
estudiantes el 86% de las organizaciones reportan resultados positivos, señalando que la relación
construida fue enriquecedora generando un intercambio bidireccional de aprendizaje en un entorno real;
solamente 3 organizaciones reportan que no ha sido así.
Por su parte un 82% de organizaciones afirma que el trabajo estudiantil les permite ampliar la cobertura
de servicios, siendo esto una gran ventaja para las organizaciones, ya que pueden llegar a más
poblaciones ampliando sectores, mejorando la frecuencia y fortaleciendo los programas internos;
nuevamente solo 6 organizaciones reportan que ha favorecido en poco o nada.
En la consulta sobre el fortalecimiento de la red entre la universidad y la organización, el 86% reporta
que ha consolidado o ampliado la vinculación, solo 5 organizaciones indican que estos proyectos no han
ayudado a fortalecer ese lazo. Este hallazgo es fundamental para la investigación pues demuestra que
los proyectos no solo generan resultados inmediatos, sino que contribuyen a la creación de relaciones
sostenibles entre la academia y las organizaciones.
Referente al aporte del proyecto a las soluciones reales de la comunidad, un 85% considera que estos
han generado soluciones concretas a problemáticas reales, confirmando que la planificación
universitaria alineada a las necesidades de las poblaciones y la intervención estudiantil se traduce en un
impacto tangible.
Para finalizar se realizaron cinco preguntas abiertas que pretendían ampliar las respuestas anteriores.
Estas se integran aspectos positivos, desafíos, mejoras en la articulación, aportes y propuestas a realizar
en el futuro; las respuestas brindadas por las organizaciones muestran una coincidencia clara entre el
alto desempeño estudiantil, la utilidad del Voluntariado y Trabajo Comunal Universitario y el impacto

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generado en las organizaciones. Estas valoraciones sobre el compromiso, la calidad, la responsabilidad,
iniciativa y adaptación no solo evidencia que se cumple con las tareas asignadas, sino que las personas
estudiantes se integran como un recursos valioso e importante para las organizaciones donde a través de
ellos se fortalecen los procesos internos, se mejora la atención de las poblaciones y se contribuye al
logro de los objetivos institucionales. Esto sugiere, además, que la formación universitaria está
facilitando proceso temprano donde el profesional en formación traslada competencias claves a espacios
reales de trabajo.
En cuanto a las relaciones entre las organizaciones y las universidades privadas, aunque las valoraciones
tienen a ser positivas, existen desafíos en la continuidad de los proyectos y la coordinación logística que
se deben de atender.
Finalmente, en lo que respecta a la sección de impacto social, se confirma que la población estudiantil
es transformadora, es capaz de mejorar la calidad de la atención, ampliar los servicios, fortalecer las
redes de apoyo y aportar soluciones a las necesidades comunitarias. Igualmente, hay una percepción
positiva de los aprendizajes mutuos, donde se refuerza la idea del beneficio bidireccional cuyo
fortalecimiento dependerá de consolidar los procesos institucionales para asegurar la continuidad y
articulación efectiva.
A fin de mostrar los principales resultados obtenidos de los instrumentos aplicados a las personas
estudiantes de universidades privadas de Costa Rica se elaboró este apartado.
Motivaciones y percepciones
Este apartado estuvo integrado por nueve preguntas que pretendía conocer el origen de las motivaciones
y las percepciones de la participación del Trabajo Comunal Universitario y el Voluntariado, dentro de
las respuestas más significativas se encuentra que el 63% de las personas estudiantes ha participado por
un deseo genuino de aportar socialmente, lo cual permite inferir que el restante tuvo otras motivaciones,
siendo la solidaridad importante más no la única razón para hacerlo.
En la consulta de si su participación fue realizada con el objetivo de mejorar o fortalecer su currículo
profesional el 58% afirma que esta fue una de las principales razonas revelando así una de las funciones
estrategias que tiene el Trabajo Comunal Universitario y el Voluntariado en términos de empleabilidad.
En contraparte el indicador asociado a participar en estos espacios para mejorar o desarrollar sus
habilidades blandas asciende a un 75%; el deseo de fortalecer su sentido de pertenencia, responsabilidad
y compromiso ético a un 72%; en cuanto a la búsqueda de mejorar sus relaciones interpersonales y
conocer nuevas experiencias un 71% menciona que fue su principal motivación.
En cuanto a la percepción de las personas estudiantes el 74% afirma que la institución universitaria
donde estudia fomenta de manera activa la participación en proyectos sociales, lo cual muestra la
intención de las universidades privadas por promover la participación en experiencias de vinculación
social; sin embargo, solo el 44% de las personas estudiantes afirma que participó por recomendación de
un par lo cual sugiere que el de boca en boca no es la principal razón por las que las personas participan
en estos espacios. Otro significativo de resaltar es que solo el 64% de las personas estudiantes afirma

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conocer antes de participar en estos espacios lo que debía realizar. Esto sugiere la necesidad de fortalecer
la comunicación inicial tratando de que todas las personas tengan claras las actividades por hacer y así
fortalecer la experiencia y reducir incertidumbres.
Beneficios académicos, personales y sociales
Para esta sección del instrumento se buscó por medio de once preguntas explorar los diversos beneficios
que puede tener una persona estudiante en el desarrollo de diversas competencias y habilidades blandas
que fortalecieran su carrera profesional y su vida personal, En estas preguntas planteadas se le consultó
sobre su percepción en el fortalecimiento de la comunicación, trabajo en equipo, empatía, liderazgo,
flexibilidad y adaptación a situaciones desconocidas o inesperadas, pensamiento critico y resolución de
problemas. A su vez se validó si tuvieron la oportunidad de relacionar lo visto en clase en el entorno
real, si incrementó su motivación académica o si hubo mayor comprensión de lo visto en clase.
Dentro de los principales hallazgos se encuentran que el 76% de las personas estudiantes indican que
mejoraron sus habilidades de comunicación a partir de experiencias como la interacción con
organizaciones, el desarrollo de talleres, procesos de participación grupal entre otros. El 72% reporta
mejora en sus capacidades de trabajar colaborativamente, ya que durante la ejecución de los proyectos
debió coordinar, dialogas e incluso negociar. Por su parte un 70% de los estudiantes indica que
incrementó su sensibilidad social y empatía por las poblaciones con las que trabajó. Además, el 74%
menciona que fortaleció sus habilidades de liderazgo dado que tuvo la oportunidad de asumir roles que
implicaban coordinación, planificación y toma de decisiones. El 72% reconocer haber mejorado en su
capacidad por resolver problemas e incluso un 76% considera haber fortalecido su pensamiento crítico.
De acuerdo con estos datos la participación en espacios de acción social han sido importantes
laboratorios seguros que son dinámicos, sociales y cambiantes, donde los estudiantes pueden pulir y
fortalecer competencias importantes al punto que el 70% afirma sentirse preparado para afrontar retos
laborales; sin embargo, solo el 65% reporta haber mejorado su comprensión de los contenidos teóricos
vistos en clase o relacionar los problemas reales con lo aprendido en el centro universitario.
Gestión institucional y calidad del proyecto
En esta sección se busco evaluar la claridad de los lineamientos y objetivos emitidos por las
universidades, el acompañamiento docente y administrativo, la comunicación con la organización, la
continuidad y coherencia del proyecto, los recursos y el apoyo brindado por la universidad, la
capacitación previa para la ejecución del proyecto, la supervisión durante la ejecución y la pertinencia
de las actividades asignadas en el proyecto con la formación. Dentro de los resultados más relevantes se
encuentran que el 70% del estudiantado considera que los lineamientos son claros y fueron comunicados
adecuadamente; aunque este porcentaje es bueno hay notables deficiencias en la explicación inicial de
cada proyecto. Bajo la misma línea solo el 60% perciben un adecuado acompañamiento de parte del
personal docente y administrativo, un 75% afirma haber recibido supervisión durante el proyecto y el
67% percibe que hay apoyo institucional o bien que la institución educativa donde estudia brinda
recursos para los proyectos ejecutados. El 79% indicó que las actividades estuvieron articuladas, les

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dieron seguimiento a los procesos establecidos y no se realizó nada de forma improvisada. El 65%
menciona haber recibido una adecuada capacitación previa, esto es una señal clara de que los procesos
de inducción deben fortalecerse y estandarizarse para los proyectos.
Po otro lado el 73% menciona que las actividades asignadas tenían relación con su formación, sus
perfiles académicos, intereses o carreras; destacando esto la importancia de precisar las asignaciones,
roles y proyectos.
Con el fin de fortalecer este apartado, se diseñaron cinco preguntas abiertas que pretendían ampliar las
iniciales del instrumento; en ellas se exploraba lo más significativo de la experiencia, los desafíos
encontrados y aspectos a mejorar desde una visión estudiantil.
Con ello se evidencia los aprendizajes centrados en el desarrollo de habilidades blandas como las ya
mencionadas trabajo en equipo, comunicación, liderazgo, empatía y organización; también surgieron la
mención de desafíos recurrentes como la gestión de tiempo para las personas estudiantes que laboran,
lo que deja ver en las respuestas abiertas, una clara tensión entorno a las 150 horas, ya que, para muchas
personas estudiantes, es una carga difícil de emparar con otras responsabilidades.
Por otra parte, las personas estudiantes mencionan que se encontraron con demandas emocionales, ante
las situaciones que enfrentan en las poblaciones que intervienen para lo que no estaban preparados.
Además, mencionan que es necesario identificar trabajos comunales universitarios vinculados
directamente a la carrera de forma tal que se aproveche ese espacio de aprendizaje. también menciona
que es necesario mejorar la comunicación, el acompañamiento constante, la claridad en los lineamientos
y una flexibilización en las horas para que puedan ser cumplidas por las personas estudiantes.
Por último, se afirma que, aunque la relación de la universidad con la organización es valorada como
positiva suele haber una desconexión que no se debe dar, siendo que el centro educativo debe
involucrarse más en el seguimiento y en el apoyo que se brinda.
DISCUSIÓN
Los resultados de este estudio permiten reflexionar sobre la pregunta que dio origen a la investigación
y observar con mayor dirección el papel que tienen el Voluntariado y el Trabajo Comunal Universitario
en la formación integral del estudiantado y en la labor de las organizaciones que los reciben. La
evidencia obtenida confirma que estas experiencias no funcionan únicamente como un requisito
académico, sino como un espacio formativo que transforma la manera en que las personas estudiantes
comprenden a las comunidades y su rol como profesionales en formación. Esta comprensión se
encuentra alineada con la literatura revisada, que ya advertía el potencial del aprendizaje experiencial
para desarrollar competencias sociales y cognitivas difíciles de alcanzar desde el aula tradicional; sin
embargo, los datos muestran con una claridad particular que, en el caso de las universidades privadas
costarricenses, el impacto no se limita al estudiantado, sino que alcanza de forma directa a las
organizaciones, lo cual aporta una mirada poco explorada en investigaciones anteriores.

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En lo referente a las motivaciones, los resultados revelan un patrón que coincide con lo señalado por
autores como Hu (2023) y Mbah (2025) donde ambos indicaban que las personas estudiantes no actúan
movidas por un único motivo, sino por una mezcla de aspiraciones personales y expectativas
profesionales. Aunque una mayoría expresa un deseo genuino de aportar socialmente, reconocen
también que estas experiencias fortalecen su currículo, les permiten desarrollar habilidades blandas y
les ofrecen una primera aproximación a escenarios laborales reales. Esta combinación de razones no
solo es coherente con la teoría del comportamiento planificado, sino que también ayuda a explicar por
qué, a pesar de las exigencias de tiempo y las limitaciones institucionales, el estudiantado sigue
mostrándose dispuesto a involucrarse en proyectos de acción social.
En cuanto al aporte formativo, la información recopilada confirma lo que diferentes estudios
internacionales ya habían señalado, los proyectos de voluntariado y TCU funcionan como un puente
entre la teoría y la práctica. Lo interesante aquí es que la mayoría del estudiantado identifica avances
concretos en el desarrollo de habilidades blandas como comunicación, liderazgo, empatía y resolución
de problemas lo que sugiere que la interacción en contextos reales no solo complementa la formación
universitaria, sino que la reorienta como lo indican Afzal y Hussain (2020) en sus escritos.
Sin embargo, por otra parte, esta investigación revela un dato importante, no todas las personas logran
vincular lo vivido con los contenidos de sus cursos. Esto indica que la experiencia por sí sola no garantiza
el aprendizaje profundo, se requiere por parte del centro educativo y el personal docente
acompañamiento y una integración más cuidadosa con el plan de estudios. Es un recordatorio de que la
reflexión guiada debe formar parte del proceso si se busca que el conocimiento se internalice y se conecte
con la disciplina académica.
El análisis también deja ver que las organizaciones valoran altamente la presencia estudiantil en una
magnitud incluso superior a lo esperado y consultado en otros estudios como el citado de
StudentVolunteer (2021). En varios casos, las organizaciones reconocen que sin el apoyo de las personas
estudiantes difícilmente podrían sostener ciertos programas o ampliar la cobertura de sus servicios. Esta
percepción coincide con la de Compare, Pieri, y Albanesi, (2022) que han advertido sobre la relación
entre universidad y comunidad y señalan que cuando existe claridad, compromiso y una comprensión
compartida de los objetivos, las organizaciones se convierten en aliadas pedagógicas y no simples
receptoras de ayuda. Esta reciprocidad que emerge de esta relación confirma que la acción social
universitaria no debe verse como un ejercicio asistencialista, sino como un proceso de construcción
conjunta.
Ahora bien, junto a los aportes aparecen también desafíos que obligan a repensar la gestión institucional.
Tanto el estudiantado como las organizaciones señalan problemas recurrentes como lineamientos poco
claros, acompañamiento irregular, comunicación insuficiente y dificultades para garantizar la
continuidad de los proyectos cuando cambian los ciclos académicos. Estas tensiones coinciden con
advertencias de Chittum et al., (2022) que insisten en que el éxito de los programas de voluntariado
depende menos de la buena voluntad individual y más de estructuras institucionales sólidas, con

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procedimientos definidos y procesos de inducción bien diseñados, ya que la falta de estos elementos
genera vacíos que afectan directamente la experiencia formativa y el impacto social esperado.
Hubo también algunos resultados que no se anticipaban totalmente. Uno de ellos es la alta satisfacción
de las organizaciones aun cuando expresan críticas sobre la gestión universitaria. Este contraste podría
responder a que las organizaciones están acostumbradas a trabajar con recursos limitados y a valorar
cualquier apoyo externo, o bien a que el estudiantado, en términos generales, muestra un nivel de
compromiso y responsabilidad superior al esperado. También puede interpretarse como una señal de
que las organizaciones tienden a separar la valoración del desempeño estudiantil de los procesos
administrativos que la universidad aún no ha logrado perfeccionar. En cualquier caso, este hallazgo
sugiere que, si se fortalecen los aspectos operativos, el impacto podría ser incluso mayor.
Respecto a las limitaciones del estudio, es necesario reconocer que la muestra de organizaciones fue
menor a la ideal y que el muestreo por conveniencia limita la generalización de los hallazgos. La
aplicación de cuestionarios digitales introduce riesgos de deseabilidad social y de subrepresentación de
ciertos grupos, como señalan autores como Cornesse et al., (2020); Zerbe y Paulhus, (2021) en sus
respectivos estudios. Pese a ello, los datos obtenidos son suficientemente consistentes como para ofrecer
una lectura clara de las dinámicas actuales y servir como base para investigaciones más amplias o
metodologías que profundicen en la experiencia emocional, social y académica del estudiantado y de
las organizaciones.
En síntesis, se puede afirmar que el voluntariado y el TCU en conjunto son mecanismos de aprendizaje
y vinculación social con un potencial transformador indiscutible; sin embargo, ese potencial no se
desarrolla automáticamente pues depende de la calidad de la gestión institucional, la claridad de los
procesos, el acompañamiento pedagógico y de la capacidad de la universidad para sostener relaciones
duraderas con las organizaciones aliadas. El estudio muestra que cuando estos elementos se articulan
adecuadamente, la experiencia estudiantil se enriquece, las organizaciones fortalecen su acción y la
universidad consolida su responsabilidad social. Esta información abre las puertas para el diseño de
lineamientos coherentes y sostenibles, capaces de convertir estas experiencias en un pilar permanente
de la formación universitaria y no solo en un requisito administrativo.
CONCLUSIONES
A partir del análisis de los datos recopilados y los cuatro objetivos específicos propuestos se presentan
las siguientes conclusiones.
Se puede afirmar que tanto el Trabajo Comunal Universitario como el Voluntariado son espacios
formativos profundamente significativos para las personas estudiantes independientemente su
formación académica. Además, se evidencia que, aunque las motivaciones que impulsan la participación
de las personas estudiantes son diversas, predomina un interés genuino por aportar socialmente: sin
embargo, este deseo humano convive con otras motivaciones asociadas a expectativas profesionales
como mejorar el currículo, fortalecer sus habilidades blandas y adquirir experiencia profesional para una

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mejor calidad en las oportunidades laborales. Esta mezcla de motivaciones confirma que estos proyectos
no solo cumplen una función social, sino que se han convertido en una herramienta estratégica dentro
de la formación integral universitaria.
Los resultados obtenidos demuestran también que la participación estudiantil genera beneficios
concretos a nivel académico, personal y emocional. Las personas estudiantes reportan mejoras
consistentes en habilidades como comunicación, liderazgo, resolución de problemas y trabajo en equipo,
coincidiendo con lo planteado por enfoques pedagógicos como el aprendizaje experiencial. Se muestra
también el fortalecimiento de competencias socioemocionales que no siempre se desarrollan en los
centros educativos tales como empatía, sensibilidad social y adaptación a situaciones imprevistas, esto
demuestra que la acción social universitaria actúa como un puente efectivo entre el conocimiento
teórico, la práctica y la realidad comunitaria.
En cuanto a las organizaciones beneficiarias, la valoración del aporte estudiantil es reconocido
positivamente; las instituciones destacan el compromiso, la calidad del trabajo y la responsabilidad
demostrada resaltando que la participación estudiantil contribuye de manera directa a mejorar la
atención brindada a las poblaciones usuarias, ampliar la cobertura de los servicios y fortalecer procesos
internos. Esto revela que la vinculación comunitaria no genera únicamente aprendizajes para el
estudiantado, sino que también representa un recurso clave para el funcionamiento de organizaciones
que suelen operar con presupuestos limitados y alta demanda social.
A pesar de estos aportes, los resultados permiten identificar desafíos importantes en la gestión
institucional de los programas, ya que se evidencian dificultades relacionadas con la comunicación, la
continuidad de los proyectos y la coordinación logística. De igual manera, parte del estudiantado reporta
falta de claridad inicial sobre las tareas a desarrollar, insuficiente acompañamiento docente y una
necesidad de vincular estrechamente los proyectos con las carreras que cursan. Por ser atendiendo estos
aspectos se podría potenciarse aún más estas figuras académicas fortaleciendo los procesos
administrativos y académicos que sostienen estas iniciativas.
Finalmente, la información recopilada brinda una base sólida para diseñar lineamientos institucionales
que fortalezcan la sostenibilidad, la coherencia y la pertinencia de los programas de acción social
universitaria. Con este estudio se confirma el potencial transformador del Voluntariado y del TCU y
sobre todo que este no depende solamente del entusiasmo de las personas estudiantes o bien de las
necesidades de las organizaciones aliadas, sino de la existencia de una estructura institucional formal,
articulada y capaz de acompañar cada etapa del proceso, siendo estas figuras académicas una pieza clave
para el fortalecimiento de la responsabilidad social universitaria y para la formación de profesionales
más sensibles, críticos y comprometidos con su entorno.
Recomendaciones
A partir de los hallazgos obtenidos en esta investigación, se recomienda fortalecer los programas de
Voluntariado y Trabajo Comunal Universitario mediante acciones que integren tanto la dimensión
formativa del estudiantado como las necesidades de las organizaciones beneficiarias. Uno de los pasos

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más urgentes consiste en desarrollar lineamientos institucionales claros, homogéneos y accesibles, que
orienten cada etapa del proceso que vaya desde la selección de proyectos y la inducción inicial, hasta el
acompañamiento durante la ejecución y la evaluación final. Contar con un protocolo uniforme permitirá
reducir las dudas que manifiesta el estudiantado y garantizará que todas las organizaciones reciban
estudiantes debidamente preparados.
En esta misma línea, la inducción inicial debe transformarse en un requisito obligatorio. Esta debería
incluir información sobre responsabilidades, actividades esperadas, competencias a desarrollar, código
ético y herramientas para afrontar experiencias emocionalmente exigentes. Una inducción sólida no solo
mejora la experiencia estudiantil, sino que evita que las organizaciones reciban estudiantes con niveles
de preparación dispares.
También se recomienda fortalecer los mecanismos de acompañamiento docente y administrativo. El
seguimiento continuo favorece la adaptación de las personas estudiantes, permite resolver dificultades
de manera oportuna y garantiza la coherencia entre los objetivos del proyecto y el aprendizaje esperado.
Asimismo, es importante que las universidades promuevan capacitaciones previas en habilidades
sociales, liderazgo, trabajo en equipo y manejo de grupos, pues estas competencias resultan esenciales
para desempeñarse adecuadamente en contextos comunitarios complejos.
Otro elemento relevante es la pertinencia académica de los proyectos. Se sugiere que las universidades
procuren asignar proyectos vinculados al perfil profesional de cada carrera, de manera que el
estudiantado pueda aplicar sus conocimientos disciplinares y fortalecer su identidad profesional. Esta
articulación también facilita que el TCU y el voluntariado se conviertan en verdaderos espacios de
integración curricular y no en actividades paralelas.
Para las organizaciones beneficiarias, se recomienda establecer mecanismos de comunicación más
sistemáticos y permanentes entre la universidad y cada institución aliada. Esto incluye reuniones
periódicas, canales formales para resolver dudas, retroalimentación continua y acuerdos de trabajo con
roles claramente definidos. Además, sería conveniente desarrollar estrategias que garanticen la
continuidad de los proyectos más allá de los ciclos académicos, evitando la ruptura de procesos por la
rotación estudiantil.
Finalmente, se sugiere la creación de un sistema digital único que permita registrar horas, descargar
lineamientos, reportar avances, solicitar apoyo y evaluar el desempeño estudiantil. Esta herramienta no
solo facilitaría la gestión interna, sino que fortalecería la transparencia y el seguimiento de los proyectos.
Estas recomendaciones obtenidas a partir de esta investigación buscan consolidar un modelo de gestión
más coherente, sostenible y articulado, que permita aprovechar plenamente el valor educativo y social
de los proyectos de acción social beneficiando tanto a las personas estudiantes, a las personas
beneficiarias a través de las organizaciones, así como a los centros educativos.

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