
I+D Internacional- Revista Científica Académica
ISSN 3078-1639 (en línea) Enero-Abril, 2026, Volumen 5, Número 1 pág.124
https://doi.org/10.63636/rciid.v5i1.66
Competitividad y desarrollo territorial: una lectura crítica
desde la percepción social en el Estado de Querétaro
Competitiveness and Territorial Development: A Critical Reading from Social
Perception in the State of Querétaro
Juan Alberto Solís Lozano
alberto.solis@uaq.mx
https://orcid.org/0000-0001-5429-9616
Universidad Autónoma de Querétaro
Artículo recibido: 10 marzo 2026-Aceptado para publicación: 23 abril 2026
Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.
RESUMEN
La presente investigación tuvo como objetivo identificar los elementos críticos que emergen entre
el desarrollo territorial y la percepción social sobre la competitividad en el estado de Querétaro.
Para ello, se empleó una metodología cualitativa de orden interpretativo y enfoque deductivo,
sustentada en categorías analíticas derivadas de la teoría de la competitividad. Se realizaron seis
entrevistas semiestructuradas a informantes clave vinculados con las dinámicas industriales,
económicas y comerciales del estado, así como observaciones de campo en el Centro Histórico
de la ciudad de Santiago de Querétaro y en distintas zonas industriales. Los resultados
evidenciaron que la competitividad funciona como un elemento de poder económico y territorial
que influye en las formas de planificación y toma de decisiones dentro del estado. Asimismo, se
identificó que Querétaro mantiene un posicionamiento estratégico dentro del modelo económico
nacional debido a su crecimiento industrial y capacidad de atracción de inversión. Sin embargo,
emerge población de empresarios excluidos de estas dinámicas competitivas, particularmente
vendedores informales y pequeños productores locales. La investigación detectó además que la
competitividad genera tensiones desde la percepción ciudadana, especialmente en temas
relacionados con la sostenibilidad ambiental, el acceso al agua y la desigualdad territorial. Aunque
existen avances en indicadores como empleo y crecimiento económico, persisten problemáticas
vinculadas con municipios menos competitivos, asociados a la Sierra Gorda, así como desafíos
vinculados a la distribución y gestión del recurso hídrico dentro del desarrollo industrial del
estado.
Palabras clave: ambiente, ciudadanía, informalidad, política económica, poder
ABSTRACT
The present study aimed to identify the critical elements that emerge between territorial
development and social perception regarding competitiveness in the state of Querétaro. To

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achieve this, a qualitative methodology with an interpretative and deductive approach was
employed, supported by analytical categories derived from competitiveness theory. Six semi-
structured interviews were conducted with key informants linked to the industrial, economic, and
commercial dynamics of the state, along with field observations carried out in the Historic Center
of Santiago de Querétaro and in different industrial zones. The findings revealed that
competitiveness functions as an element of economic and territorial power that influences
planning processes and decision-making within the state. Likewise, it was identified that
Querétaro maintains a strategic position within the national economic model due to its industrial
growth and capacity to attract investment. However, sectors of entrepreneurs remain excluded
from these competitive dynamics, particularly informal vendors and small local producers. The
research also found that competitiveness generates tensions from the perspective of citizens,
especially regarding environmental sustainability, access to water resources, and territorial
inequality. Although there have been advances in indicators such as employment and economic
growth, significant challenges persist in less competitive municipalities associated with the Sierra
Gorda region, as well as in the distribution and management of water resources within the state’s
industrial development processes.
Keywords: environment, citizenship, informality, economic policy, power
Correspondencia: alberto.solis@uaq.mx
Conflictos de Interés: Ninguna que declarar
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INTRODUCCIÓN
La competitividad y el desarrollo territorial se han consolidado como elementos centrales
dentro de las dinámicas económicas contemporáneas, particularmente en contextos marcados por
la globalización, la industrialización y la expansión de mercados estratégicos (Estrada, 2023). En
el caso de México y especialmente del Estado de Querétaro, la competitividad ha sido impulsada
como una estrategia orientada al fortalecimiento económico regional, la atracción de inversión
extranjera, la expansión industrial y el posicionamiento territorial dentro de los procesos de
desarrollo nacional e internacional. Este escenario ha permitido consolidar corredores
industriales, parques empresariales y dinámicas de crecimiento económico asociadas a procesos
recientes como el nearshoring y la reorganización global de cadenas productivas (García Estrada,
2022; García-Estrada, 2025).
Los planteamientos teóricos de Porter (2008) y Barney et al. (2021), permiten
comprender la competitividad como una estrategia asociada al fortalecimiento empresarial, la
innovación, el posicionamiento territorial y la generación de ventajas competitivas dentro de los
procesos de globalización económica. Desde estas perspectivas, la competitividad se relaciona
con la capacidad de los territorios, las empresas y las instituciones para consolidar entornos
favorables al crecimiento económico, la productividad y la atracción de inversión.
No obstante, aunque estos enfoques constituyen una base importante para comprender las
dinámicas competitivas contemporáneas, el presente estudio parte de la necesidad de
complementar dichas perspectivas con una lectura crítica orientada al análisis de las implicaciones
sociales, territoriales y ambientales derivadas de los modelos de desarrollo competitivo
implementados en Querétaro. En este sentido, la investigación no se limita únicamente a analizar
la competitividad desde una dimensión empresarial o económica, sino que incorpora las
percepciones ciudadanas, las relaciones de poder y las tensiones territoriales que emergen
alrededor de los procesos de industrialización, expansión urbana y desarrollo regional.
Desde esta lógica, la competitividad es entendida no solo como un mecanismo de
crecimiento económico, sino como una construcción político-territorial que produce efectos
diferenciados sobre los actores sociales, los recursos naturales y las dinámicas locales. Por ello,
el estudio busca analizar críticamente cómo los modelos competitivos impulsados desde las
políticas públicas y las estrategias empresariales pueden generar simultáneamente desarrollo
económico, desigualdad territorial y conflictos socioambientales.
Esta perspectiva se complementa con los aportes de Carrascal et al. (2021), Solís Lozano
et al. (2022) y Salas Durazo et al. (2025), quienes plantean que la competitividad se encuentra
estrechamente vinculada con sistemas de bienestar social. Desde esta visión, el desarrollo
económico impulsado por las empresas y las dinámicas productivas debe traducirse en beneficios

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concretos para la ciudadanía, particularmente en términos de calidad de vida, acceso a
oportunidades y fortalecimiento del bienestar colectivo.
Con base en estos planteamientos teóricos y en una exploración preliminar realizada en
campo, surgió la siguiente pregunta de investigación: ¿por qué es necesario realizar una lectura
crítica de la competitividad y el desarrollo territorial desde la percepción social en el estado de
Querétaro? Cuyo objeto de estudio de esta investigación es la percepción social sobre la
competitividad y el desarrollo territorial en el Estado de Querétaro. La relevancia del estudio
radica en comprender cómo las dinámicas económicas y empresariales impactan la vida cotidiana,
las relaciones territoriales y la sostenibilidad ambiental desde la mirada de actores sociales
vinculados a distintos espacios urbanos, comerciales e industriales del estado.
La investigación se justifica en el contexto del modelo económico y territorial impulsado
en Querétaro, donde las políticas públicas han enfatizado la eficiencia empresarial, la expansión
industrial y la atracción de inversión como ejes fundamentales del desarrollo competitivo. Dentro
de esta lógica, la informalidad económica suele ser concebida como un elemento que rompe con
los esquemas de productividad y orden económico regional. Sin embargo, el presente estudio
busca trascender esa visión estrictamente económica para comprender la competitividad también
desde una dimensión social y humana.
Desde esta postura, la investigación demuestra cómo la competitividad puede
configurarse como una construcción política y económica impulsada por instituciones de poder
que buscan mantener un equilibrio entre los modelos productivos, la expansión industrial y el
desarrollo económico del estado. En consecuencia, el Estado de Querétaro se ha consolidado
como un territorio estratégico para la industrialización y la inversión extranjera en el centro de
México, aunque dicho proceso también ha generado tensiones relacionadas con desigualdad
territorial, sustentabilidad ambiental, acceso a recursos naturales y percepción ciudadana.
Entonces, el objetivo de esta investigación es identificar los elementos críticos que emergen entre
competitividad, desarrollo territorial y percepción social en el Estado de Querétaro.
MATERIALES Y MÉTODOS
La presente investigación se desarrolló desde un enfoque cualitativo de orden
interpretativo, teniendo como objeto de estudio la competitividad y su relación con el desarrollo
territorial en el Estado de Querétaro, a partir de las percepciones construidas por los informantes
clave participantes en el estudio. El carácter interpretativo de la investigación se fundamentó en
el análisis de la información obtenida en campo mediante un marco teórico referencial
preestablecido y abordado de manera deductiva, sustentado principalmente en los planteamientos
sobre competitividad desarrollados por Porter (2008), Barney et al. (2011) y Michaux & Cadiat
(2016).

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Como parte del trabajo de campo se realizaron un total de seis entrevistas
semiestructuradas a informantes clave, entre los que se encontraron estudiantes universitarios,
vendedores ambulantes, comerciantes locales y trabajadores vinculados a distintos espacios
económicos y territoriales del Estado de Querétaro. La selección de estos actores permitió
recuperar diversas percepciones sociales sobre la competitividad, el desarrollo económico, la
informalidad y las dinámicas territoriales presentes en el contexto estudiado.
Asimismo, se llevaron a cabo cinco recorridos de campo en diferentes zonas estratégicas
del Estado de Querétaro. Tres de estos recorridos se realizaron en los parques industriales de
Bernardo Quintana, El Marqués y la zona industrial cercana al aeropuerto, mientras que los dos
restantes se desarrollaron en el Centro Histórico de la ciudad de Santiago de Querétaro. Estos
recorridos permitieron observar y documentar dinámicas relacionadas con la competitividad
territorial, la economía informal, el posicionamiento de actores económicos y las
transformaciones urbanas asociadas al desarrollo industrial y comercial.
La información derivada de las observaciones fue consignada mediante notas de campo,
las cuales posteriormente fueron sistematizadas, analizadas y trianguladas con la información
obtenida en las entrevistas. El análisis de los datos se realizó a través de un proceso cualitativo de
carácter deductivo e interpretativo, apoyado en el análisis del discurso, con el propósito de
identificar relaciones de poder, tensiones territoriales y percepciones sociales en torno a la
competitividad y el desarrollo regional, propuesta metodológica desarrollada por Castaño-
Martínez et al. (2024).
A partir del marco teórico y de la información empírica recolectada, se construyeron
categorías de análisis orientadas a comprender las distintas dimensiones de la competitividad en
el Estado de Querétaro. Las categorías desarrolladas fueron de orden inductivo propuestas por
Busenitz & Barney (1997), Barahona et al. (2023) y Reséndiz-Martínez et al. (2025): a) la
competitividad como construcción política, b) la lógica de la competitividad, c) la postura de los
ciudadanos sobre la competitividad y d) la competitividad como elemento de poder económico
territorial. Estas categorías permitieron interpretar de manera crítica las relaciones entre desarrollo
económico, territorio, ciudadanía y sustentabilidad ambiental dentro del contexto estudiado.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los hallazgos evidencian desde la percepción ciudadana, la importancia de generar una
competitividad inclusiva, sostenible y articulada con el bienestar ciudadano.
Competitividad como elemento de poder económico territorial
Desde los planteamientos teóricos de Barney (1991) y Porter (2008), la competitividad
ha sido concebida como un elemento estratégico orientado al fortalecimiento económico, la
innovación y el posicionamiento empresarial dentro de los marcos de la globalización. Sin
embargo, en contextos como México y particularmente en el Estado de Querétaro, esta

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perspectiva ha mantenido un distanciamiento respecto al sector informal, los pequeños
productores y los mercados locales, privilegiando principalmente a las grandes superficies
empresariales y a los clústeres industriales.
Las políticas económicas y los modelos de desarrollo implementados en el Estado de
Querétaro han configurado una visión de competitividad asociada al crecimiento industrial, la
atracción de inversión y la expansión empresarial, pero con limitados mecanismos de inclusión
para microempresarios, comerciantes locales y actores de la economía informal. Aunque
discursivamente la competitividad se vincula con la reducción del desempleo, la disminución de
la pobreza y la sostenibilidad ambiental, en la práctica continúa respondiendo a estructuras
políticas y económicas que favorecen a los sectores con mayor capacidad de acumulación y
organización empresarial.
Los hallazgos obtenidos durante el trabajo de campo en el Centro Histórico de la Ciudad
de Santiago de Querétaro evidencian esta situación. El informante clave seis, entrevistado señaló
que el desarrollo turístico y económico de la ciudad se encuentra focalizado hacia grandes
empresas y cadenas comerciales, mientras que los pequeños comerciantes continúan enfrentando
dificultades relacionadas con la informalidad, la falta de apoyo institucional y la ausencia de
espacios públicos adecuados para el desarrollo de sus actividades. Esto se complementó con la
postura según el informante clave uno, “la competitividad es más un proceso político que
acompaña a las grandes empresas del estado de Querétaro; nosotros seguimos en la informalidad
y no tenemos acompañamiento para formalizarnos”.
Estas percepciones permiten identificar que la competitividad en Querétaro opera bajo
criterios verticales definidos principalmente por actores políticos y económicos dominantes. De
esta manera, la competitividad se configura como una convención político-económica
determinada por la estructura de gobierno y por los intereses de las grandes empresas, relegando
a los pequeños productores, artesanos y comerciantes locales a una posición periférica dentro del
modelo de desarrollo regional.
La competitividad como construcción económico-territorial: tensiones entre desarrollo
empresarial y desigualdad social
Desde una perspectiva crítica, autores como Salas Durazo et al. (2025) permiten
interpretar que la competitividad también puede operar como un mecanismo de exclusión política
y económica. Hablar de competitividad no implica únicamente crecimiento económico o
innovación; también supone reconocer las “zonas de sacrificio” que emergen cuando
determinados sectores sociales y territoriales asumen los costos ambientales y sociales del
desarrollo industrial. En este sentido, la competitividad deja de ser exclusivamente un concepto
técnico para convertirse en una construcción política atravesada por relaciones de poder.
Asimismo, otro de los informantes destacó que las políticas públicas de competitividad
se han dirigido especialmente al fortalecimiento de parques industriales y clústeres empresariales,

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favoreciendo procesos productivos de gran escala. Aunque reconoció la importancia del turismo
y del crecimiento económico para la ciudad, señaló que los pequeños negocios requieren mayores
herramientas de acompañamiento institucional, acceso a plataformas digitales, estrategias de
marketing y mecanismos reales de inclusión económica para poder competir en igualdad de
condiciones.
Bajo esta lógica, la competitividad no puede reducirse únicamente a indicadores de
innovación, liderazgo industrial o productividad empresarial. Resulta necesario comprenderla
como un fenómeno social, político y territorial que también produce desigualdades, reconfigura
relaciones de poder y genera impactos socioambientales estructurales. Por ello, el desarrollo
territorial no debe depender exclusivamente de dinámicas empresariales, sino incorporar procesos
de inversión social, participación ciudadana y fortalecimiento comunitario que permitan articular
el crecimiento económico con criterios de equidad e inclusión.
Desde una perspectiva interdisciplinaria, la competitividad debe entenderse como una
construcción compleja en la que convergen factores económicos, políticos, sociales y
ambientales. En consecuencia, un modelo competitivo orientado al desarrollo territorial sostenible
requiere integrar a los pequeños productores, comerciantes locales y actores de la economía
informal dentro de las dinámicas de innovación, gobernanza y desarrollo económico, evitando
que la competitividad continúe reproduciendo estructuras de exclusión y concentración del poder
económico.
La lógica de la competitividad
Ahora bien, el análisis de la competitividad en el Estado de Querétaro permite identificar
que gran parte de su lógica se ha centrado en la satisfacción de bienes y servicios para las grandes
empresas que operan en la entidad. A partir de las observaciones realizadas en los parques
industriales Bernardo Quintana, El Marqués y la zona del aeropuerto, se detectó una percepción
generalizada según la cual estos procesos industriales representan un fuerte impulso para el
desarrollo económico del estado. La población asocia esta dinámica con mayores oportunidades
de empleo, generación de ingresos y mejores condiciones de sustento económico. Sin embargo,
al profundizar en las zonas aledañas a estos espacios industriales, emergen perspectivas críticas
respecto a los costos sociales y ambientales de este modelo de competitividad. En este sentido, el
informante clave número dos, quien trabaja como vendedor de tacos en una de estas áreas, señaló
lo siguiente:
“Es muy importante tener en cuenta que estas empresas generan desarrollo económico y
progreso al estado, pero también hay que mirar el tema ambiental que se viene
desarrollando, porque estas empresas captan agua y somos los ciudadanos quienes
padecemos la necesidad del recurso hídrico. Creo que se tiene que planear más la
competitividad; la competitividad no es dejar sin seguridad a una población sobre un
recurso”.

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Este planteamiento adquiere relevancia en la medida en que propone una visión de
sustentabilidad basada en el equilibrio entre las dinámicas del mercado y la responsabilidad social
y ambiental de las empresas. Desde esta perspectiva, resulta pertinente retomar las reflexiones de
Klein (2014), quien cuestiona las dinámicas de apertura de mercados y los procesos de despojo
de recursos naturales impulsados por modelos económicos orientados exclusivamente al
crecimiento y la acumulación.
En consecuencia, la competitividad aparece aquí como una lógica contradictoria: por un
lado, contribuye a reducir indicadores como el desempleo y la pobreza mediante la expansión
económica; pero, por otro, produce afectaciones sobre necesidades básicas fundamentales, como
el acceso al agua. Esto evidencia que el desarrollo económico promovido por la política industrial
del estado también genera tensiones sociales derivadas de la percepción ciudadana sobre la
pérdida o deterioro de recursos esenciales para la vida cotidiana. En este contexto, cobra
importancia el concepto de “zonas de sacrificio”, entendido —siguiendo los planteamientos de
Guerrero et al. (2025) — como aquellos territorios que asumen costos ambientales y sociales
derivados de los procesos de industrialización y desarrollo económico. Precisamente, el
informante clave número tres señaló:
“Se está cambiando el uso de suelo; ya todo no es lo mismo. Ahorita se está apostando
más a crear empresas, parques industriales y zonas francas, y nos están dejando sin
naturaleza. Todo se enmarca en un discurso de competitividad, progreso y desarrollo. La
competitividad la veo bien porque genera empleo y ayuda a disminuir la pobreza, pero no
sé si dentro de la competitividad existan elementos que hagan que las empresas
consideren el daño ambiental”.
Este testimonio evidencia una tensión central dentro del modelo competitivo: la
necesidad de mantener corresponsabilidad entre el sector político, empresarial y social frente a
los impactos ambientales generados por el crecimiento industrial. La competitividad no puede ser
entendida únicamente como una estrategia para fortalecer mercados globales o atraer inversión
extranjera; también requiere estructuras normativas sólidas en materia ambiental y mecanismos
efectivos de regulación y control.
Desde esta perspectiva, la competitividad adquiere una responsabilidad directa sobre los
pasivos ambientales que actualmente enfrenta el estado de Querétaro. Estos pasivos pueden
entenderse como deudas ecológicas y territoriales derivadas de procesos de industrialización
intensiva, cambios de uso de suelo, presión sobre los recursos naturales y dinámicas de expansión
urbana asociadas incluso a fenómenos como la gentrificación.
De esta manera, el discurso de los informantes permite comprender cómo la
competitividad y el poder económico han construido dinámicas profundamente entrelazadas entre
el sector industrial, las empresas y las estructuras políticas del estado. Esto ha reducido, en

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muchos casos, la capacidad de incidencia ciudadana sobre las decisiones relacionadas con el
territorio, los recursos naturales y las transformaciones de la vida cotidiana.
Entonces, puede afirmarse que la competitividad, en el contexto analizado, tiende a
consolidarse más como una estrategia de mercado orientada al fortalecimiento económico e
industrial que como un modelo de transformación social territorial. En contraste con la
perspectiva de Porter (2008), que plantea la competitividad también como una capacidad social y
organizacional, los hallazgos muestran que las dinámicas competitivas continúan reproduciendo
relaciones desiguales entre desarrollo económico, ciudadanía y sustentabilidad ambiental.
La postura de los ciudadanos sobre la competitividad
Durante los recorridos realizados en las zonas previamente analizadas fue posible
dialogar con diversos actores sociales que señalaron la necesidad de que la ciudadanía fortalezca
mecanismos de control y participación frente a las dinámicas de competitividad implementadas
en el estado de Querétaro. Si bien la lógica de la competitividad en la entidad —siguiendo algunos
planteamientos de Gamarra (2023) y Villa (2024)— se encuentra asociada a procesos de
innovación, emprendimiento y competitividad urbana, también implica la generación de
condiciones estratégicas para garantizar a las empresas acceso a servicios básicos, infraestructura
y recursos naturales que permitan mantener su productividad y posicionamiento económico.
No obstante, esta forma de comprender la competitividad puede adquirir un carácter
excluyente, en la medida en que muchas de las garantías institucionales parecen orientarse
prioritariamente hacia el fortalecimiento empresarial, mientras que las necesidades de la
ciudadanía quedan subordinadas a las dinámicas del mercado y la inversión económica. Esta
inquietud surgió de manera recurrente durante el trabajo de campo y llevó al diálogo con el
informante clave número cuatro, quien afirmó:
“La competitividad es un proceso político que han establecido los políticos para mantener
un orden, seguir recogiendo dinero y darles recursos naturales a las grandes empresas.
Todo esto se financia a través de los impuestos de los ciudadanos”.
Esta percepción evidencia que la competitividad es entendida por algunos sectores
sociales como una construcción política e institucional que define el rumbo económico del estado
y favorece principalmente a los grandes actores empresariales. Al mismo tiempo, emerge una
crítica relacionada con el hecho de que gran parte de estas dinámicas se sostienen a partir de los
recursos generados por la propia ciudadanía, sin que necesariamente exista una redistribución
equitativa de los beneficios derivados del desarrollo económico. Por otra parte, la informante
clave número cinco ofreció una visión distinta, aunque igualmente crítica, respecto a la
competitividad en Querétaro:
“La competitividad en el estado de Querétaro es importante y ha sido buena porque
genera empleo; yo trabajo en una de las empresas. Lo incómodo es el tema ambiental,
porque siento que ahí les falta mucho trabajo. No siento que exista una competitividad

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ambiental. Además, la competitividad se ha centrado más en municipios grandes como
Corregidora, Tequisquiapan, Colón, El Marqués y Santiago de Querétaro; en la Sierra ya
no hay competitividad. Los negocios siguen siendo muy rurales y pequeños, y el
emprendimiento recibe poco apoyo”.
El testimonio resulta particularmente relevante porque proviene de un estudiante
universitario que trabaja en una empresa ubicada en el municipio de El Marqués. A partir de su
experiencia se identifican dos elementos centrales. El primero es la percepción de que la
sustentabilidad ambiental no se encuentra plenamente articulada con los procesos de
competitividad promovidos en el estado. Es decir, desde la visión del informante, la
competitividad económica no necesariamente converge con estrategias orientadas a la
conservación, manejo y protección de los recursos naturales.
El segundo elemento tiene que ver con la dimensión territorial de la competitividad. El
informante señala que el desarrollo competitivo se encuentra concentrado principalmente en
municipios cercanos a la capital del estado, mientras que regiones más alejadas, como la Sierra
Gorda, continúan enfrentando dinámicas económicas marcadas por actividades rurales, pequeños
negocios y limitadas oportunidades de apoyo institucional.
Esto permite cuestionar si el modelo de competitividad implementado en Querétaro
responde a una lógica centralizada y territorialmente desigual. En otras palabras, la
competitividad parece concentrarse en espacios estratégicos asociados a corredores industriales,
desarrollo urbano e inversión empresarial, dejando en condiciones periféricas a otros territorios
que no forman parte directa de las dinámicas industriales predominantes.
Desde esta perspectiva, resulta necesario pensar modelos alternativos de competitividad
adaptados a las características sociales, económicas y territoriales de cada región. La
competitividad no debería limitarse exclusivamente al fortalecimiento de grandes industrias o
parques empresariales, sino incorporar estrategias de desarrollo local capaces de fortalecer
pequeños emprendimientos, economías rurales y procesos comunitarios que permitan una
distribución más equilibrada de las oportunidades económicas y del bienestar social.
La complejidad de la competitividad en el Estado de Querétaro
La complejidad de la competitividad en el estado de Querétaro va más allá de la
disponibilidad de recursos e incentivos destinados a las grandes empresas que se han instaurado
bajo el modelo económico regional. En este análisis no se cuestiona la competitividad como
ejercicio económico ni como discurso político; tampoco se desconocen sus aportes en materia de
desarrollo territorial, crecimiento económico y dinamización industrial del estado. Sin embargo,
lo que aquí debe analizarse con mayor profundidad, especialmente desde estudios prospectivos y
de percepción social, es la manera en que la ciudadanía interpreta y experimenta estos procesos
competitivos dentro de su vida cotidiana.

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Siguiendo los planteamientos de Cardona Castaño (2025), la ciudadanía construye una
noción específica sobre las empresas y sobre el papel que estas desempeñan en el territorio.
Cuando la población percibe que las dinámicas empresariales no contribuyen de manera directa
al bienestar social o no responden a necesidades fundamentales de la vida cotidiana, se generan
percepciones desfavorables respecto al modelo económico y a las políticas de competitividad
implementadas.
En este sentido, la competitividad en Querétaro se encuentra inmersa en un entramado
complejo que actualmente debe enfrentar retos fundamentales, particularmente aquellos
relacionados con la seguridad hídrica y el descontento ciudadano frente a la sostenibilidad
ambiental. Los ciudadanos entrevistados reconocen que las empresas, los parques industriales y
las zonas francas han contribuido a la generación de empleo y al fortalecimiento económico del
centro de México. No obstante, también expresan preocupación por las dinámicas de poder
económico y político que acompañan este modelo de desarrollo.
Esta percepción contrasta con los aportes que hacen Campos Oliveira et al. (2024) sobre
Max Weber sobre la racionalidad institucional y el papel de la burocracia moderna, donde el
Estado debería operar mediante estructuras normativas y administrativas capaces de regular de
forma legítima los distintos intereses presentes en la sociedad. Sin embargo, desde la percepción
de los informantes y las observaciones realizadas en campo, las dinámicas económicas y
empresariales parecen ejercer una influencia predominante sobre las decisiones políticas y
territoriales del estado. En este sentido, la competitividad deja de entenderse únicamente como
una estrategia de desarrollo económico y comienza a configurarse como un mecanismo político-
económico que prioriza los intereses del mercado y de las grandes empresas sobre las necesidades
sociales y ambientales de la ciudadanía
Es precisamente en este punto donde emerge una tensión importante entre las narrativas
oficiales sobre competitividad y las percepciones ciudadanas identificadas durante el trabajo de
campo. Surge entonces el cuestionamiento sobre hasta qué punto la conflictividad social y
ambiental derivada de estos procesos responde a necesidades reales de la población o, por el
contrario, constituye una construcción político-económica diseñada prioritariamente para
fortalecer estructuras empresariales y corporativas, particularmente de actores multinacionales.
A partir de ello, resulta necesario hablar de una competitividad social capaz de abrir
espacios de articulación entre empresas, ciudadanía e instituciones gubernamentales. Esto implica
construir mecanismos democráticos y participativos que permitan incorporar las necesidades
sociales y territoriales dentro de los lineamientos de política pública económica. La
competitividad no debería limitarse únicamente al fortalecimiento industrial y empresarial, sino
avanzar hacia modelos más inclusivos donde el desarrollo económico se encuentre acompañado
por criterios de sostenibilidad ambiental, participación ciudadana y justicia territorial.

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CONCLUSIONES
La investigación logró cumplir su objetivo y responder la pregunta de investigación,
permitiendo identificar cómo la competitividad en el Estado de Querétaro se ha construido
progresivamente como una estrategia orientada al fortalecimiento industrial, la atracción de
inversión extranjera y el crecimiento de parques industriales y corredores empresariales asociados
a procesos de nearshoring. De esta manera, Querétaro se consolida como un territorio estratégico
dentro de la toma de decisiones económicas relacionadas con competitividad, innovación y
desarrollo industrial en el centro de México.
Los hallazgos obtenidos evidencian que, desde la percepción social, sí existen beneficios
derivados del modelo económico competitivo implementado en el estado, particularmente en
aspectos relacionados con la generación de empleo, el crecimiento económico y el fortalecimiento
de determinadas dinámicas productivas. Sin embargo, emergen elementos críticos que requieren
ser revisados con mayor profundidad, especialmente aquellos relacionados con la sostenibilidad
ambiental, las concesiones de agua y la flexibilidad institucional frente a industrias que generan
presión sobre el recurso hídrico.
Asimismo, el estudio permitió identificar la existencia de actores periféricos dentro del
modelo competitivo regional, especialmente pequeños comerciantes y trabajadores vinculados a
la economía informal ubicados en el Centro Histórico de la Ciudad de Santiago de Querétaro.
Estos actores manifiestan percepciones de exclusión frente a las dinámicas de competitividad
impulsadas por el estado, considerando que los beneficios del desarrollo económico y empresarial
no llegan de manera equitativa a sus actividades productivas. Esto refuerza la idea de que la
competitividad continúa orientándose principalmente hacia procesos macroempresariales y
esquemas de formalización económica, dejando en condiciones periféricas a sectores vinculados
al comercio informal y a pequeños emprendimientos locales.
De igual manera, la investigación permitió comprender que la competitividad se
encuentra atravesada por relaciones de poder que influyen directamente en la planificación
territorial y en la construcción de políticas públicas orientadas al desarrollo económico e
industrial. En este contexto, las dinámicas competitivas responden a lineamientos institucionales
y económicos que priorizan el fortalecimiento industrial, aunque en algunos casos parecen
distanciarse de las tensiones sociales y ambientales que emergen entre el sector empresarial, la
ciudadanía y el territorio.
En consecuencia, el estudio evidencia que el crecimiento industrial y económico del
estado ha generado simultáneamente una percepción ciudadana ambivalente: por un lado, se
reconocen los beneficios asociados al empleo, la inversión y el posicionamiento económico de
Querétaro; pero surgen preocupaciones relacionadas con posibles conflictos territoriales,
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desigualdades sociales y afectaciones ambientales que requieren mayor atención por parte de la
institucionalidad pública.
La investigación concluye que, aunque Querétaro se ha consolidado como un referente
nacional en materia de competitividad y desarrollo económico, resulta necesario que dicha
competitividad también se refleje en términos sociales, ambientales y territoriales. Como
hipótesis a posteriori, esto implica avanzar hacia modelos de desarrollo inclusivos, sostenibles y
participativos, donde el crecimiento económico se encuentre articulado con el bienestar
ciudadano, la protección de los recursos naturales y una distribución más equilibrada de las
oportunidades dentro del territorio.

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